Reflexiones sobre los primeros 3 meses como mamá:


A los tres meses debo decir que siento cada vez más admiración por todas las madres. La dedicación es todo. Mi tiempo y mi vida se han expandido al punto que ya no me pertenecen. Pertenecen al universo, a mi hijo, a la gran misión altruista, desapegada, compasiva, inmensa, sagrada que es la maternidad. Entrego mi cuerpo, mi vida, mi ser, a la madre que vive en mí y despierta cada día más a su naturaleza divina de mamá. 

Este primer trimestre como madre ha sido de total y completa revolución humana, de crecimiento, de aprendizaje y muchas, pero muchas emociones. 

Es también llamado el cuarto trimestre de embarazo ya que es una total adaptación: mamá-hijo-universo. Comprendemos que ya el embarazo ha terminado y nos deja una sensación de vacío en el cuerpo pero nos ha llenado los brazos y el corazón con un bebé que es un maestro, y como tal, nos hace esforzarnos en comprenderle, en agradarle, en honrarle. 

Foto: Claudia Pignataro @claupignataro

El primer mes: 

Marcado por la emoción, el éxtasis, el climax del amor y del miedo. El agradecimiento, la conmoción. Todo es irrelevante y sólo estás tú y tu bebé. La primera mirada, la primera conexión con el pezón. Todo es magia. Por fin el sueño se ha materializado y estás con tu bebé. Ese es el logro más maravilloso que puedes sentir ¡Felicidades, mamá! 

Estos primeros días pasarán muy lenta e intensamente. El apoyo será muy bien recibido sobretodo para que mamá pueda comer y reponerse rápidamente. Su instinto se yergue y la colocan en un estado de alerta y enamoramiento de su bebé. Nuestro hijo sólo quiere calor, descanso y alimento. Su fabuloso instinto de succión hace que toda esta aventura de la lactancia pueda iniciar. Como una llave que abre un candado, el bebé se pega a la teta y allí se alborota todavía más el festín hormonal. Mamá está despertando y sus súper poderes comienzan a brotar. El calostro, el oro líquido, la vida en gotas, ya está allí en tus senos listos para nutrir. No importan nada más, sólo nutrir. Diste vida, ahora la nutres, la alimentas, la cuidas, la proteges, la celebras. Amamantar es la prioridad y nos esforzamos en comprender nuestro cuerpo. Los pezones se vuelven sensibles, se enrojecen y molestan. Han pasado a ser la llave maestra. Toma tiempo habituarse a la sensación, pero nada que con amor y paciencia no fluya. Estamos hechas para eso, hay que confiar ¡Una mamá confiada produce una leche exquisita! 

Bebé: come, duerme, come, duerme. Mamá: come, duerme, contempla a su bebé, come, duerme, se enamora de su bebé. 

Es momento del primer pañal mal puesto, el primer chorrito de pipí de madrugada cambiando un pañal, el primer pupú negrito como el petróleo (meconio), el primer corte de uñas, el primer baño, el primer estornudo… El primer primer mes es sagrado, frágil, especial. Vívelo sin paradigmas y entrégate a tu maternidad. Tú sabes cómo hacerlo.

Hay que enfrentar también las primeras visitas. Los primeros contactos de nuestro pequeño con "el mundo" son toda una prueba. Yo no quería que nadie tocara ni viera a mi bebé al menos durante este primer mes. No era capricho, no era por algo muy racional, era porque así lo sentía. Sólo quería estar con mi bebé sin interrupciones, pero tampoco tenía la energía para hacer todo por mí misma. Así que el círculo de apoyo fue reducido, sagrado y respetado. 

El segundo mes: 

Ya pasó el primer mes y nuestro cuerpo parece adaptarse un poco más a todos los cambios físicos y hormonales que implica el post parto. La lactancia se ha vuelto la nueva aliada o la peor amiga. Hay que volverse mejores amigas, cómplices.

Cuidar los pezones y la mente es esencial. No pensar que no puedes, que no produces suficiente leche, que no produces buena leche, nada de eso. Cada madre produce la MEJOR leche para SU bebé. Esto es importante porque al mes y medio aproximadamente se produce la primera "crisis de crecimiento": el bebé parece que no quiere teta y llora en su confusión por hambre/sueño, más hambre, más sueño. Esto pasa rápido, pero es un reto para toda primeriza ya que sentimos que es frustrante no comprender lo que quiere el bebé. Paciencia y amor.

Muchas veces ofreces la teta y parece rechazarla y sigue llorando y pensamos que es sueño, pero no quiere dormir ni dejarse arrullar, entonces volvemos a la teta (la otra) y tampoco, entonces lo alzamos de nuevo y cantamos, pero nada, revisamos pañal y parece calmarse a ratos, pero vuelve a llorar intensamente, tose porque se estresa al no ser comprendido. Mamá pide paciencia al cielo. Papá intenta dormir al bebé pero "parece que quiere teta", dice papá. Y así, hasta que, finalmente, mamá intenta meterle el pezón en una llorada y el bebé al cerrar la boca se engancha al pezón salvajemente y cesa todo llanto y dolor. "Era la teta", suspiran todos. Era la teta pero no lo sabíamos. Allí se descubre que hay formas de llorar y de pedir en el bebé, pero como todo, debemos aprenderlo. Para eso están las crisis de crecimiento. Al menos a mí me gusta pensar eso. 

De repente, en este mes, dejará de hacer pupú con la misma frecuencia. Verás ese puré de auyama cada tres, cuatro, o hasta más días. Es normal. Come tanto que nada desecha. Pero cuando hace, se mancha hasta la espalda. Los días transcurren entre cambios de ropa lllena de pipí, grandes cagadas hasta la espalda, baños amenos, tomadas de teta cada vez menos recurrentes pero es porque cada vez son más expertos succionando y en menos tiempo pueden tomar más lechita. 

Tercer mes: 

El primer trimestre de embarazo y el primer trimestre de vida del bebé se parecen mucho. Son delicados y exploratorios. Nada se sabe, todo se intuye. La teoría ayuda pero más el corazón. Escuchar eso que sentimos hacer. Al tercer mes nuestro instinto de madre se ve más entrenado. Nos sentimos más seguras cambiando pañales, cargando al bebé, identificando sus necesidades, confiando en nosotras, ya sabemos en qué momento es oportuno bañarnos, comer, ir al baño… Ya sabemos cómo hacer menos ruidosa y más rápidamente muchas cosas.  Seguramente es momento de enfrentar las primeras salidas sola con tu bebé. Vencer ese sustito sobre si sabrás qué hacer en el momento que llore, si llora. El bebé está más erguido y sostiene mejor su cabecita por lo que salir en coche es perfecto para cambiar de ambiente y comenzar a independizarnos de nuestros miedos primerizos. 

En el tercer mes ocurre otra "crisis de cremiento" y posiblemente, cuando sentimos que estamos de lo mejor acopladas con el bebé, de repente se repite el episodio de incomprensión y frustración. Nuevamente, paciencia, confianza y amor. A escuchar nuestro instinto siempre para poder calmarlo pero con la consciencia de que el bebé crece muy rápidamente y cuando apenas nosotras estamos agarrando un ritmo, ya el bebé está cambiándolo por su propia naturaleza en desarrollo. Tal vez pensamos que tiene hambre porque "según nuestro cálculo" comió poco en la última toma, y resulta que no quiere más teta porque comió lo suficiente y se molesta porque tratas de darle la teta de nuevo, y así. Hasta que vuelve la armonía y de nuevo nos sentimos como mamás en crecimiento y llenas de agradecimiento. 

Como mamá seguro demuestras toda una experticia auditiva y motora: salir corriendo, escuchar a bebé. Intuir que escuchamos a bebé. Alucinar que escuchamos a bebé. Ahora vemos que sus expresiones afloran. Se ríe, sonríe, se asusta, se estimula con la música, hace pucheros y se pelea con el sueño. Ya su "genio" parece constituirse poco a poco. Reconocemos muchas más cosas en este diamante en bruto llamado hijo. 

Y nuestro hijo reconoce cada vez más su cuerpo, su interacción con el mundo. Sus manitas son su mejor descubrimiento y se las come cada vez que puede. Se entretiene y se pelea con ellas para luego volver a jugar. Se obstina y se nota cuando quiere dormir. Es una mini personita que no deja de sorprendernos.

Este mes es recurrente pensar en "Tu vida y tú". Hay una reconciliación, un reconocimiento. Este primer trimestre es abrumador. La depresión es terrible en algunas mamás, en otras es sólo una profunda reflexión. Un intenso agradecimiento con cautela. Eres mamá. Siempre lo dije: mi tiempo y mi cuerpo ya no son míos. Soy un puente de amor, de paz, un instrumento, una llave, un camino, un elemento en tránsito, en búsqueda del equilibrio, el centro, el amor, la luz y la armonía. Estás viendo germinar esa semilla de vida que crece. El momento es ahora, ahora hay que vivirlo. 

El mejor regalo llega con cada día. Sus primeras risas, sus manitas sobando mi teta. Sus gritos mañaneros que me despiertan con largas conversaciones y pataditas. Verlo estirarse.  Su ritmo, cada día cambia, cada día es un cuento, una historia que se escribe minuto a minuto. Su mirada. Cortar sus uñas, poder salir. Pasear, fular, coche. Amarlo. Lidiar con modelos, y formas de criar. La crianza. La lactancia. Si duerme en la cama, hasta cuándo, si eso es malo, o si esto es bueno, aquello sí y esto otro no. Escribir tu propia historia. Creer en ti, en tu instinto. Conocerte y conocer a tu bebé.

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Mamá Mística  

Tenerife, Islas Canarias

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