¡Es un varón! y la responsabilidad que ello implica...

27 May 2014

Enterarme de que estoy esperando a un varón ha sido tal vez la mejor noticia que he recibido en mi vida. 

 

No sólo porque es mi primer hijo sino porque no puedo dejar de pensar en la importante relación que existe entre un hombre y una mujer. Gracias a esa relación nacemos las personas. Gracias a esa relación nacerá mi bebé y gracias a esa relación deseo forjar a un varoncito capaz de ser un hombre que ame noblemente a las mujeres. 

 

Muchas veces escuché que los hijos no siempre vienen a cumplir los deseos de sus padres, y muchas veces escuché que los padres quieren que sus hijos hagan esto o aquello, que estudien esto o aquello, que nunca hagan esto o aquello... La verdad es que si hay algo que deseo para mi hijo es que sea feliz. Y para comprender la felicidad debemos comprender la libertad. Cada quien escoge su propia felicidad. Muchas veces lo que es bueno para nosotros no lo es para otros y viceversa. Lo importante es reconocer nuestra capacidad de elección, que es lo que (en teoría) nos hace libres. Así, me pongo a pensar mientras imagino su rostro, sus piernas, su cabello, su mirada, sus primeros pasos, su primer "mamá", y sólo sé que él es realmente quien me enseñará muchas cosas y que él me ha elegido y lo ho he escogido a él para dar vida a una relación única y poderosa. Cada relación es única, por eso no hay fórmulas para todo. Y si la hubiera, diría que es la de ser sincero con uno mismo, la de seguir nuestro corazón y respetar a las personas. 

 

Yo deseo poder respetar a este varón, para que él pueda aprender a respetar; deseo poder ayudarlo a ser autónomo y libre, capaz y feliz. Aunque siempre debemos saber que como cada vida es única, no siempre tomaremos todos los mismos caminos, ni las mismas decisiones, por eso debemos aprender a respetar por sobre todas las cosas a las personas y sus decisiones. 

 

Este varón definitivamente cambiará mi vida. Siempre he sentido que es una gran responsabilidad la que tenemos las mujeres al ser madres y más aún cuando son varones, ya que muchas hemos sufrido enormemente por un hombre, los hemos odiado, los hemos generalizado, los hemos denigrado, y esto cambia profundamente cuando nos enamoramos, y cuando encontramos a ese hombre con el que deseamos hacer una familia. Por su puesto, cambia mucho más, cuando se tiene un hijo varón. 

 

¿Cuánto de machismo hemos vivido y existe en nuestra cotidianidad como mujeres, cuánto de esto le trasmitiremos a nuestros varones? Allí está el detalle. He escuchado a muchas mujeres quejarse de los hombres y mirar a sus hijos con temor de que lleguen a ser "malos": hijos, esposos, hombres... Sin embargo, creo que somos las mujeres las que tenemos la gran tarea de darnos nuestro lugar como mujeres respetables en la sociedad y romper el estigma de la mujer objeto. Somos nosotros las que debemos exigir y dar en función de nuestra dignidad y no sólo por aceptación o complacencia. Muchas mujeres hemos sentido miedo de tal vez estar solas, de no ser comprendidas, amadas como quisiéramos, pero lo cierto es que somos nosotras las que debemos cambiar nuestra forma de interactuar con los hombres. Iniciando con cómo nos relacionamos con el padre del bebé, con nuestro padre, con nuestros hermanos, amigos, y ahora nuestro hijo. Debo decir que como mujer siento una gran admiración por las mujeres pero también por los hombres que logran descifrarnos (porque bastante complejas que somos, por no decir complicadas). Los hombres que logran respetar nuestros enigmas, valorarnos como somos, impulsarnos a pesar de las diferencias, escucharnos y sobre todo amarnos, esos son los que debemos formar. Y eso inicia respetándolos, escuchándolos, impulsándolos, y amándolos como son. Enseñándolos a mirar más allá de la belleza de la mujer, más allá de lo básico que dicen que son los hombres, más allá de lo práctico. Amar lo profundo y lo sagrado. 

 

Esto lleva tiempo, supongo... mi aventura apenas comienza pero sé que es una tarea que debemos abrazar con ternura y sin la sensación de obligación. Es más bien, algo natural, algo espontáneo que debe aflorar de esa relación sana que desarrollamos con los hombres que nos rodean. 

 

Este hombrecito que llevo en mi vientre es una de mis misiones más hermosas. Sólo debo aprender a servir y guiar, sin castrar ni forzar el ritmo místico y maravilloso de la vida. Ese es el punto. Poder ayudarlo a que sea capaz de sembrar sus mejores semillas para que pueda cosechar y expandir la siembra. Es un eslabón de una cadena que nos enlaza a todos como sociedad. Si creamos familias con valores reales, tendremos hombres y mujeres reales y capaces de reconocer el verdadero sentido de la vida. Así lo decreto y así trabajaré. 

 

Te amo, hijo. 

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